Cada 17 de marzo, ciudades desde Dublín hasta Buenos Aires y Nueva York se llenan de tréboles, sombreros gigantes y, por supuesto, mucha cer...
Irónicamente, San Patricio no era irlandés. Nació en la Britania romana (actual Gran Bretaña) a finales del siglo IV bajo el nombre de Maewyn Succat. Su vida cambió drásticamente a los 16 años, cuando fue secuestrado por piratas y llevado a Irlanda como esclavo para pastorear ovejas.
Tras seis años de cautiverio, logró escapar y regresar a su hogar, pero una visión lo llamó a volver a la "Isla Esmeralda" como misionero. Fue entonces cuando adoptó el nombre de Patricius y dedicó el resto de su vida a evangelizar a los clanes paganos del país.
2. ¿Por qué el 17 de marzo?
La fecha no fue elegida al azar por la alegría de la primavera. El 17 de marzo marca el aniversario de su muerte (alrededor del año 461 d.C.). En la tradición cristiana, el día del fallecimiento de un santo se considera su "nacimiento" a la vida eterna, por lo que se convirtió en una festividad religiosa en el calendario litúrgico irlandés desde hace siglos.
3. Los símbolos que definen la fiesta
A lo largo de los años, la historia se mezcló con el folclore, dándonos los iconos que conocemos hoy:
El Trébol (Shamrock): Se dice que Patricio usaba esta planta de tres hojas para explicar la Santísima Trinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo) de forma sencilla a los irlandeses.
Adiós a las serpientes: La leyenda cuenta que el santo expulsó a todas las serpientes de Irlanda. En realidad, los científicos coinciden en que nunca hubo serpientes en la isla; se trata de una metáfora sobre la erradicación de las antiguas creencias paganas.
Del azul al verde: Originalmente, el color asociado a San Patricio era el azul. El cambio al verde se debió al movimiento nacionalista irlandés del siglo XVIII y al apodo de Irlanda como la "Isla Esmeralda".
4. Una fiesta que cruzó el océano
Curiosamente, el primer desfile de San Patricio no fue en Irlanda, sino en los actuales Estados Unidos. Los inmigrantes irlandeses en Nueva York y Boston transformaron una festividad religiosa sobria en una explosión de orgullo cultural para combatir la discriminación que sufrían.
Hoy, la fiesta ha perdido gran parte de su peso religioso para convertirse en una celebración universal de la amistad y la cultura irlandesa. Como dice el dicho popular: "Todo el mundo es irlandés el 17 de marzo".


